lunes, 25 de agosto de 2008

Viagra, ¿la pastilla del amor?

La disfunción eréctil (DE) es una condición en la cual el pene no se endurece lo suficiente como para conseguir la penetración cuando un hombre está sexualmente excitado, o bien no puede conservar una erección.


El tratamiento de la DE mejoró notablemente con la aparición del Viagra. La droga ayuda a tener y mantener la erección, facilitando el control de la misma. Pero es necesario tener en cuenta que no incrementa el deseo sexual, simplemente ayuda a mantener la erección a partir de la excitación.


En aquellos casos en que la causa de la DE es puramente psicológica, restituye la confianza, por lo cual muchas veces se indica y luego de un tiempo se va reduciendo la dosis porque la pastilla ya no es necesaria.


Sucede pues que muchas veces la reanudación de la actividad sexual se produce más por la recuperación de la autoestima que por los efectos fisiológicos de la la píldora azul’. Y esto ocurre cuando se considera que la erección es la prueba de la masculinidad. Cuando el hombre tiene la impresión de que la potencia es un “rendimiento” que se espera de él, que se le exige y reclama, sobre todo cuando la exigencia procede de la pareja.


La imposibilidad de erección puede hacer presuponer una falencia que generalmente ocasiona el abandono de las relaciones sexuales, en todas sus formas. Para estos hombres, no poder tener una erección es una frustración de orden existencial. Cuando toman la pastillita mágica pueden sentir que vuelven a tener un pene, lo cual se equipara a sentir que vuelven a ser hombres. Y este pasa a constituirse en el mayor beneficio del sildenafil,: la restitución del ser.



La masculinidad se simboliza con el falo. Y el falo tiene valor en estado de erección. El falo significa poder, entre otras muchas cosas. En cierto sentido, podemos decir que el pene, tal cual, no existe. La importancia del concepto va más allá de lo fisiológico, por relevante que éste sea.


Cuando un bebé nace, la primera comprobación a la que es sometido, además de si respira, es la de si es niño o niña. Es decir, la comprobación es genital. El atributo biológico parecería ser suficiente para determinar la potencia fálica en general.


Si hay pene, con tan sólo unos instantes de vida, el varón se hace acreedor de las primeras pleitesías y tributos que hacia su viril miembro recibirá a lo largo de su vida.


En la cultura occidental, el tener pene define el ser hombre. Tanto para el varón que lo porta como para la mujer, a quien le falta. La diferencia anatómica de los sexos se establece simbólicamente por la primacía del falo. Esto determina que sea tan penosa la impotencia para un hombre. Significa impotencia de ser!.


Además, la optimización del goce sexual está dada por la culminación de la relación sexual en el coito. La angustia y ansiedad en la pareja por la imposibilidad de penetración genera insatisfacción y conflicto. Así es como viene a restituir la función salvadora el Viagra, reubicando a la sexualidad como expresión del amor.


Pensemos entonces, ¿qué amor?. El ser humano remite siempre, más allá de sí mismo, hacia algo que no es él, o hacia alguien; hacia un sentido o hacia un semejante con el que se encuentra. Y se realiza a sí mismo en la medida en que trasciende: al servicio de una causa o en el amor a otra persona. El hombre sólo es plenamente él mismo cuando se pasa por alto y se olvida de sí mismo.


En este contexto, el encuentro es una relación con un semejante en el que se reconoce a éste como ser humano. Hace a la actitud esencial del hombre que el semejante nunca sea degradado a simple medio para un fin. Ahora bien, parece que el amor supone un paso más respecto al encuentro, ya que no se limita a acoger al semejante en su condición humana, sino además en su unicidad y singularidad o, lo que es lo mismo, como persona. Porque la persona no es un ser humano como los otros, sino diferente de los otros, y en esta diferencia resulta ser algo único y singular. Y sólo cuando el amante acoge al amado en su unicidad y singularidad, éste se convierte para él en un tú.


Cuando nos referimos al Viagra como la píldora del amor, no nos referimos a este amor. Si bien una de las mayores preocupaciones concientes y manifiestas es la satisfacción plena de la pareja, como vimos. No tiene que ver con sentimientos ni con vínculos, ni con la elección de parteners para la relación sexual. Tiene que ver con el narcisismo. Narciso, es un personaje tomado como modelo del amor a uno mismo. Algo de narcisismo es necesario para todos nosotros, nos permite vivir, progresar y luchar contra las adversidades de la vida. Cuando este narcisismo se sostiene en una creencia irracional que reemplaza al todo por la parte, la herida que puede producir la caída de esa creencia puede ser fatal. En este caso, la creencia irracional daría cuenta de la ecuación hombre = pene erecto; o amor = sexualidad = coito. Entonces, Viagra, la píldora de qué…? ¿De qué amor? En todo caso, del amor a sí mismo, que necesita reconocerse como potente y viril para ser luego reconocido como tal por los demás. El amor pues tiene que ver siempre con la necesidad de ser reconocido por otros, es una necesidad narcisista primordial. Es universal y no desaparece jamás. Ésta es la búsqueda.




Fotos:


· Mural de Mercurio en Pompeya


· Escultura de Can Ginebreda




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